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Darrera actualització: agost de 2019

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Artur Sarró: “Una máscara africana revela mucho más de lo que aparenta”

 

– Usted es hijo del ilustre doctor Ramón Sarró, discípulo de Freud. ¿Fue él quien le predispuso al viaje? 

– Mi padre estudió en la escuela de Freud en los años 20, en Viena, pero él no era un gran viajero. Fue más bien mi abuelo, Alberto Martín, quien me incitó a viajar. Él era editor y publicó, entre otros libros, Geografia de Catalunya, de Carreras Candi, y un libro que me fascinaba: Maravillas de la vida animal. Me pasaba horas hojeando este libro. Soñaba con aquellos animales, aunque pensaba que nunca podría verlos.

 

–¿Cuál fue su primer viaje a África?

 –En 1965 fui a Kenya con una expedición organizada por el Zoológico de Barcelona. A partir de entonces regresé muchas veces por mi cuenta, para ser más libre a la hora de planear el viaje. En Kenia aprendí que hay que ir a contrapié de los grupos turísticos, a menos que quieras contemplar un león o un rinoceronte rodeado de diez coches.

 

– ¿Cuáles son los países que más ha visitado?

– Los de África Occidental: Malí, Camerún, Níger… En 1979 atravesé el Sáhara por primera vez: éramos tres jeeps con varios amigos. Después, lo he hecho solo varias veces, y siempre me ha fascinado.

 

– ¿Qué país le impresionó más? 

– Mientras filmaba el festival del Gerewol, de la etnia de los bororo, en Níger, la visión se me nublaba porque se me escapaban lágrimas de emoción. Es un espectáculo ver a cientos de familias en la sabana para cantar, bailar, pactar matrimonios, hacer negocios… El país dogón, en Malí, y las tierras altas de Eti opía son también impresionantes.

 

– ¿Qué le fascina de África? 

– Al principio, era la fauna. Después, en el tercer viaje, en el Chad, descubrí la gran variedad de etnias, una arquitectura interesante, el contacto con la gente, las conversaciones…

 

– … y las máscaras. 

– Tengo una buena colección, y cuando las miro recuerdo lo que representan, dónde y cuándo las compré, cómo regateé… Una máscara africana revela mucho más de lo que aparenta a primera vista. Esta escultura funeraria es de Korhogo, en la Costa de Marfil. Me pedían al principio 12.000 euros y regateé tres días hasta que me la llevé por 360.

 

– Cada escultura tiene una historia…

– Esta otra es típica yoruba, en Nigeria. Allí, por una cuestión genética, nacen muchos gemelos. Si uno muere, la familia encarga una escultura que lo represente, para que su muerte no acarree la desgracia para el hermano. La madre cuida esta escultura, la lleva con ella a todas partes.

 

– ¿Nunca se arrepintió de dedicarse a la psiquiatría? 

– Al principio, cuando veía que no podía ayudar a los pacientes. Sin embargo, después, con la ayuda de los fármacos, todo cambió. Poder atenuar el dolor te hace sentir mejor.

 

– ¿Puede afirmarse que el bienestar depende de la química? 

– A veces. La psiquiatría hoy es en buena parte química. También cuenta la conexión con el paciente, saber escuchar y todo eso, pero más vale un psiquiatra antipático que sepa recetar que uno que escuche mejor y no sepa hacerlo.

 

– Dicen que en África no existe la depresión. 

– No hay estadísticas ni tratamientos, pero la hay. Yo he visto a personas deprimidas en África, pero en general se ocultan. Hay en aquel continente muchos cuadros bipolares y gente que se queda colgada. De todos modos, yo no he viajado por África como psiquiatra. Debí traspasar la pasión por el continente a mi hijo, que es antropólogo y ha trabajado en Camerún.

 

– En África y Europa se vive de manera muy distinta.

– En África la familia es más importante, protege más. Si muere un hombre, su mujer pasa de inmediato al cuidado del hermano…

 

– La muerte conlleva fiesta. 

– Cuando alguien muere, las fiestas de los funerales pueden durar días, porque están convencidos de que hay que mimar a los antepasados para que no te perjudiquen desde el otro mundo. En el África animista, los espíritus de los antepasados es- tán muy presentes. Allí viven con menos sorpresas. La vida para ellos es una suma de repeticiones, no están obsesionados por el futuro ni por el consumismo.

 

– Viajar como terapia. 

– Si estás muy deprimido, no te interesa nada, pero si la depresión es menor, salir al exterior, romper con la monotonía, te estimula, sin duda.

 

– ¿Viajar es ahora una moda? 

– Ahora hay muchos documentales en televisión, reportajes sobre viajes en la prensa… Mucha gente no concibe sus vacaciones sin planear un viaje, aunque una mayoría se dirige a países muy concretos, en busca de sol y playa. Todavía quedan muchos otros lugares adonde no ha llegado el turismo de masas. Y, créame, son lugares encantadores.

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