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Darrera actualització: agost de 2019

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Artur Sarró: una vocación naturalista

 

HOMBRES A TRAVÉS DE ANIMALES

 

El psiquiatra Artur Sarró busca en la naturaleza las claves del ser humano.

 

La aventura y la observación de la naturaleza son para Artur Sarró, hijo del inminente psiquiatra Ramon Sarró y también el psiquiatra, una afición a la que ha dedicado buena parte de su vida. Ha visitado una treintena de veces África y fue uno de los primeros científicos que filmaron la fauna de las Galápagos. Su colección de arte africano y sus miles de fotos y cientos de metros de película sobre los pájaros y los peces le convierten en uno de los catalanes que más conocen a los animales, conocimientos que, dice, le han ayudado a comprender al hombre y a reconciliarse con la profesión de psiquiatra, a la que llegó por prescripción paterna

  • Yo fui psiquiatra porque desde pequeño me dijeron que debía ser psiquiatra y ni se me ocurrió pensar que podría ser de otra manera.

  • Vaya.

  • En aquellos tiempos, los padres mandaban. Mi padre, Ramon Sarró, quería ser filósofo, pero su padre le dijo que nada, que no ganaría ni un duro, que debía estudiar medicina. Así que estudió psiquiatría porque era lo más parecido a la filosofía.

  • ¿Y usted sobrevivió a la psiquiatría dedicándose al naturalismo?

  • La verdad es que ahora la psiquiatría me entusiasma, pero en aquellos tiempos no me despertaba el más mínimo interés. La psiquiatría de los sesenta era enormemente ineficaz y a veces no podías hacer nada, salvo dar buenos consejos; hoy, con la química, conseguimos mejoras en un ochenta por ciento de los pacientes. Pero si hubiera seguido mis fantasías infantiles creo que me hubiera dedicado a la biología.

  • ¿Cuáles eran sus fantasías infantiles?

  • Los animales, las aventuras. Mi abuelo materno fundó la editorial Alberto Martín, que.es la que editó la famosa geografía de Cataluña, de Carreras Candi, y yo iba a la editorial y leía y releía "La maravillosa vida de los animales". También me marcó mucho el libro de Stanley "A través del continente negro", que me lo sabía de memoria, y una colección de libros de indios, "Pieles rojas contra blancos", en la que, curiosamente, los indios eran los buenos y los blancos los malos. Recuerdo que yo me montaba historias en las que era un héroe que ayudaba a los indios. Lo curioso es que, finalmente, el naturalismo y la psiquiatría han acabado reconciliándose.

  • ¿Qué quiere decir?

  • Pues que la observación de los animales, que ha sido mi hobby de toda la vida, mi verdadera vocación, ha ayudado al psiquiatra, y viceversa.

  • ¿Hombres y animales nos parecemos mucho?

  • Todos formamos parte de una única comunidad biológica. Basta ir en el metro para observarlo. La mirada, los gestos, todos expresamos nuestros problemas a través de nuestra conducta. Y lo mismo ocurre con los animales: si los observas descubres que cuando no saben qué hacer se empiezan a rascar, hacen mecanismos de desplazamiento...

  • ¿Y esto en qué consiste?

  • Cuando uno está dubitativo y no sabe qué hacer, entonces se toca la nariz, se rasca: es lo mismo que hacen los animales. Cuando te escondes para fotografiar un pájaro, ves que él llega al nido y tiene miedo. Nota que allí ocurre algo raro, y desea huir. Pero tiene el nido y debe volver. Entonces observas que se acerca, hace un paso hacia atrás, picotea el suelo, vuelve. Como dice Sabater i Pi, la cultura en el hombre es una cosa muy reciente. Fíjese en que todavía estamos acostumbrados al cara a cara. El hombre es un animal social de grupo, y los que son de otro grupo son enemigos potenciales. Pedro, por ejemplo, puede ser un tío extraordinario porque es de los tuyos, pero Juan es un desgraciado porque ya no es de tu grupo.

 

Artur Sarró es un hombre de mundo. Ha visitado en treinta ocasiones África, ha filmado miles de pájaros, fue uno de los primeros hombres en pisar las Galápagos y acumula en su currículo toneladas de cintas de película y miles de fotografías fruto de su pasión por la naturaleza especialmente los peces y los pájaros y de su trabajo como observador metódico.

 

Concluye esta primera parte donde el psiquiatra por decisión paterna se encontró con el naturalista vocacional y ambos quedaron encantados con distintas historias observadas sobre el terreno. La primera historia es sobre la agresividad.

  • Si tú tienes un pez pequeño en una pecera, un pez macho, porque la agresividad está ligada al sexo masculino, y entras a un macho mucho mayor, el pequeño le arrinconará y le acabará matando. Consigue vencerlo porque está en su territorio y se siente seguro. El otro se siente inseguro y perece. Fíjese en las ratas, cuando una rata entra en un grupo que no es el suyo, las demás lo huelen y la matan. Pues bien, si quitas al pez pequeño, dejas al grande, y al cabo de unos días vuelves a meter al pequeño, entonces el grande lo matará. En condiciones normales, sin embargo, esto no ocurre porque los animales tienen sus mecanismos inhibidores: se ha estudiado con el “espinós”, un pez que yo llegué a observar en la riera Condal, cuando todavía llevaba agua y se ha visto que, a medida que se acerca a un límite determinado donde hay otro macho, va perdiendo agresividad y empieza a hacer movimientos de desplazamiento. En vez de atacar, coge tierra con la boca, escupe, se hincha, el otro hace igual y no llegan a atacarse. El ser humano también tiene sus mecanismos inhibidores, pero las armas lo han cambiado absolutamente todo. Hoy, un tipo puede hacer una carnicería desde un avión de combate, sin saber exactamente quién hay debajo. Por esto necesitamos la cultura y la educación.

La segunda historia demuestra cómo la idea de que el jefe siempre tiene la razón puede ser una actitud gallinácea, una pura animalada.

  •  En muchas especies existe lo que se llama el orden de picoteo. Si observamos las gallinas, vemos cómo la reina pica a la inferior, ésta a su subordinada y así sucesivamente. O los buitres. Llegan hasta una carroña y se crea un orden de picoteo. Los fuertes comen primero y los otros esperan. De vez en cuando, uno quiere subir de categoría y se produce una pelea para desplazar a su superior, que quizás ya es viejo. Es como en una oficina: el jefe molesta a todo el mundo, el segundo habla bien del jefe y molesta a sus subordinados, y los subordinados se ceban con la mujer al llegar a sus casas.

 

DONDE LA OBSERVACIÓN DEPARA PLACERES INDESCRIPTIBLES

 

Sarró observa desde siempre. Dicen sus amigos que, cuando de chicos iban a merendar a la montaña, Artur siempre desaparecía para quedarse ensimismado mirando un pájaro o una ardilla.

Luego vinieron las primeras excursiones científicas al delta del Llobregat o al delta del Ebro. Los viajes en seiscientos al coto de Doñana. Su mujer recuerda todavía cómo Artur construía en el comedor de la casa la tienda de camuflaje que le serviría para fotografiar a los pájaros.

  •  Eran unas tiendas que podían pesar treinta kilos. Me pateaba la isla de Buda de arriba abajo durante días. El sistema era bastante rudimentario. Un día me encontré a Pons Oliveras, que tomaba las fotos con una máquina normal, sin teleobjetivo. Ponía la máquina a cincuenta centímetros, una pera a ocho metros, y sólo podía tomar una foto cada vez que llegaba el pájaro.

Luego vinieron los primeros viajes africanos, la primera experiencia en Mauritania, donde visitó el banco de Arguin, en el que se llegan a concentrar dos millones de pájaros y conoció a los pescadores que cuentan con la colaboración de los delfines para atrapar a los peces.

  •  El viaje es para mí una experiencia vital, no se trata de ir a visitar cosas, sino de ir a vivirlas - dice -.

Y es curioso porque Artur Sarró tiene miedo al avión.

  •  Al avión y a los congresos. Fue precisamente durante el primer viaje que hice cuando decidí que no me gustaban ambas cosas. Fui con mi padre a un congreso internacional de psiquiatría a Caracas. Estuve dudando entre coger el avión del martes o el del jueves, y me decidí por el primero. El avión del jueves, un vuelo de la KLM, explotó al salir de Lisboa. Aquello me marcó y siempre procuro utilizar el coche.

  •  ¿Y la fobia a los congresos?

  •  No entiendo que se pueda viajar sin ver nada, yendo del hotel a la sala de las reuniones, o al restaurante del centro de la ciudad.

No entiende que se pueda vivir sin mirar.

 

He aquí una de las cosas más hermosas que ha visto sin salir de su casa. Es, claro, una historia de amor, el esplendoroso acto sexual del "Betta splendens", el luchador de Siam: el macho tiene unas aletas rojas y azules de un color intensísimo, como de terciopelo. Para seducir a la hembra, que es mucho más pequeña, empieza a abrir todas las aletas y a dar vueltas a su alrededor. Entonces la hembra se pone vertical y el macho la abraza, la arropa entre sus aletas, ella deja caer los huevos y el macho suelta el semen para fecundarlos; mientras los animales se encuentran en plena excitación del orgasmo, los huevos caen hacia el fondo, pero antes de que lleguen al suelo, el macho los recoge con la boca y los coloca en un nido que ha fabricado con su saliva y que es como una burbuja de agua flotando en la superficie.

  •  Caray, no somos nada...

  •  Con este pez, en Indochina se organizan peleas. Cogen a los machos, les ponen un cristal en medio, esperan a que se vayan excitando y cuando levantan el cristal empiezan a luchar y los jugadores apuestan. Por cierto, ¿ha visto usted una cacería de leones?

  •  No he tenido el gusto.

  •  El león se planta con toda su belleza, se expone ante los animales, llama la atención a los antílopes, que se lo quedan mirando, mientras las leonas avanzan a escondidas.

  •  La seducción y la muerte: también muy "humano".

  •  ¿Y la seducción en los pájaros? Se ha fijado usted cómo …

 

DONDE EL VIAJERO SE ENCUENTRA CON LA MUERTE Y APRENDE A RELATIVIZAR

 

Sarró ve todos los días gente que tiene miedo a la muerte.

  •  Es uno de los síntomas fóbicos más corrientes. Hace justamente unos días vino a mi consulta un chico de dieciocho años. "Tengo un cáncer", dijo asustado. "¿Dónde?", le pregunté. "¡En alguna parte!", exclamó. La angustia produce a veces la sensación de muerte inminente y la gente piensa que lo que estás sintiendo tiene que ser forzosamente cierto, que no puede ser que te sientas tan mal y no te ocurra nada "de verdad".

Los viajes le han llevado a conocer otros puntos de vista, y han sido también los africanos los que más le han impresionado...

  •  Allí he visto una resistencia al dolor impresionante. Una vez que viajaba con otros médicos de bisturí, tuvimos que practicar varias operaciones, y recuerdo que en un poblado le hicimos un corte en la vejiga a un hombre para que pudiera eliminar una retención prostática. Lo hicimos sin anestesia, y el hombre no chistó. Lo mismo nos ocurrió con un quemado al que le había caído encima la barraca en llamas.

  • ¿Dónde está la diferencia entre ellos y nosotros?

  •  Quizás a nosotros nos cuesta más aceptar la realidad. La muerte. El dolor. En África, los entierros siempre suelen ser una fiesta. El muerto tiene que quedar contento porque si no luego te estará molestando todo el año. Recuerdo que una vez llegué a un pueblo donde estaban celebrando un entierro. Me acerqué a dar el pésame a la familia. "Lo siento mucho", les dije, y ellos me contestaron eufóricos: "¿Sentirlo? ¡pero si ha vivido muchos años!" Y cuando lo piensas, descubres que así es.

 

 

Son cosas que se descubren observando. Salir de uno mismo y descubrir a los demás. Ayuda a relativizar, dice el psiquiatra Artur Sarró, viajero empedernido y naturalista vocacional.

 

Bru Rovira / Pedro  Madueño (fotos)

La Vanguardia. 13/junio/1994

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